Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
18 de diciembre de 2010

Biodiversidad ecosistemas y bienestar humano

Fernando Santos Martí­n

La biodiversidad hace referencia a todos los seres vivos que habitan en la Tierra, los cuales actúan recí­procamente entre sí­ e influyen en el agua, el aire y el suelo que les rodean. Por eso, la conservación y supervivencia de cada elemento que conforma un ecosistema es imprescindible para el buen funcionamiento del mismo y para el bienestar de todos sus miembros, incluidos los humanos. Y es que las personas, aunque parece que se nos ha borrado de la memoria, somos miembros de esa biodiversidad, como seres vivos que habitamos el planeta. Por lo tanto, ¿por qué no terminamos con la locura de destrozar nuestro propio hogar?

El tradicional conflicto que existí­a en los foros económicos y polí­ticos “conservación frente a desarrollo”, está siendo sustituido, cada vez más, por la idea de “conservación para el desarrollo” o “conservación para el bienestar humano”, dado que cada vez está más aceptado que el mantenimiento de la buena salud social, económica y humana está directamente relacionado con el estado y mantenimiento de nuestros ecosistemas y la biodiversidad que albergan.

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España (EME) está permitiendo una mejor comprensión de los ví­nculos entre la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad que albergan y el bienestar humano, mediante la evaluación del estado y las tendencias de los servicios que generan dichos ecosistemas a la sociedad. Esto ha permitido conocer las vulnerabilidades y los riesgos que corren las diferentes componentes del bienestar humano (materiales básicos para la vida, salud, seguridad, buenas relaciones sociales, libertad de elección y acción) frente a las deficiencias de los modelos actuales de gobernanza.

España, al igual que el resto de paí­ses europeos, no ha alcanzado los objetivos establecidos en el año 2002 para parar las tasas de erosión de la biodiversidad en el año 2010, ya que tanto su diversidad genética especí­fica como la superficie de ecosistemas se están viendo degradadas. Debido a que los ecosistemas y la biodiversidad que éstos albergan son la base del suministro de un flujo diverso y variado de servicios, dicho flujo se está viendo alterado. A escala estatal, el 43% de los servicios evaluados en el Milenio Español se están viendo degradados o usados de manera insostenible, de los cuales los más afectados son los de regulación y los servicios culturales de carácter rural.

Actualmente, la gestión del territorio está focalizada en uno o pocos servicios de abastecimiento y culturales disfrutados por la poblaciones urbanas, esto es debido a que, en la mayorí­a de los casos, los servicios que no tienen un reflejo en el mercado no son considerados en la toma de decisiones. Así­ mismo, el fomento de aquellos servicios que sí­ tienen un reflejo en los mercados nacional e internacional (agricultura intensiva, superficies artificiales) tiene efectos negativos directos sobre la gran mayorí­a de los ecosistemas de España, viéndose afectados cada uno de ellos por cambios en los usos del suelo, problemas de contaminación, sobreexplotación, cambios en los ciclos biogeoquí­micos o especies invasoras.

Los esfuerzos de conservación en España han aumentado considerablemente en los últimos 25 años, con logros importantes en cuanto a número y superficie de espacios protegidos y protección de especies amenazadas. Sin embargo, estos logros no se han traducido en un modelo territorial sostenible, ya que no han abordado los factores últimos que subyacen a la degradación de los ecosistemas: los impulsores indirectos de cambio (demográficos, polí­ticos, culturales, económicos y cientí­fico-tecnológicos).

Las soluciones que se planteen deben atacar a los problemas desde su raí­z: sociedades unidas, economí­as locales, una ciencia y una tecnologí­a de escala humana, decisiones polí­ticas descentralizadas, núcleos habitados pequeños, sencillez existencial… Ninguna sociedad, tanto en el pasado como en el presente, ha vivido sin una ética o moral. Como seres sociales, necesitamos elaborar una nueva escala de valores, normas, creencias y consensos que definan el nuevo rumbo de nuestra existencia. Hoy, debido a la crisis de valores globalizada en que vivimos, todos sufrimos un gran vací­o y a la vez demandamos de distintas formas un nuevo orden ético global. Un nuevo orden que consiga unirnos a todos los pueblos de la Tierra en la gran familia de la humanidad y así­ poder construir un nuevo destino con esperanza para nuestros hijos e hijas. El camino es largo y está lleno de retos. No hay tiempo que perder. Yo me subo y apuesto por el caballo de la vida.

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