Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
28 de agosto de 2018

Borrar un embalse para resucitar un rí­o

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Un equipo de biólogos estudia en el valle de Artikutza (Navarra) los beneficios y posibles impactos para la biodiversidad de la mayor operación de vaciado de un pantano en España.

Entrar en el valle de Artikutza es dar un salto atrás en el tiempo. En esta finca, ubicada en Navarra y propiedad del Ayuntamiento de San Sebastián, el ser humano tiene muy limitada su libertad de acción desde hace cien años. Los verdaderos dueños son peces, mamí­feros e insectos, libres de moverse entre grandes bosques montañosos, perfectamente conservados y repletos de rí­os, arroyos y cascadas. Solo un elemento chirrí­a en este entorno paradisí­aco: una presa de casi dos kilómetros de largo, obsoleta desde los años setenta, pero que ha garantizado durante casi tres décadas agua de buena calidad en la ciudad donostiarra. Por el impacto en el medioambiente y los problemas estructurales de esta barrera artificial, el Ayuntamiento de San Sebastián ha empezado a vaciar el embalse. Un equipo de biólogos de la Universidad del Paí­s Vasco (UPV) ha aprovechado la situación para poner en marcha un seguimiento de los efectos de esta operación, la más grande de este tipo en España hasta la fecha.

Un cartel en la puerta de un edificio de techo rojo indica en euskera y en castellano la entrada al valle de Artikutza. Todo el que llegue andando tiene libre paso, pero se admiten solo 20 coches al dí­a previo permiso municipal. Un guardia forestal comprueba en la entrada que esta norma se cumpla estrictamente. Las reglas de acceso a este enclave de casi 4.000 hectáreas son así­ de severas desde que San Sebastián lo adquirió en 1919. Allí­, la administración localizó la fuente de agua principal para consumo humano en la ciudad. Las necesidades de abastecimiento fueron creciendo con el tiempo y en los años cincuenta se construyó el embalse de Enobieta. Tan solo dos décadas después, el pantano quedó pequeño, se realizó otra presa más abajo y Enobieta dejó de prestar servicio a los vecinos de la ciudad vasca, que ya se abastece únicamente de ese segundo pantano.

Arturo Elosegi es uno de los pocos que tienen permiso de circulación en Artikutza. Este biólogo de la UPV lidera el grupo de investigación que desde hace casi un año, con el apoyo de la Fundación BBVA, estudia el impacto del embalse de Enobieta en la biodiversidad del valle. Mientras va conduciendo, Elosegi señala un pequeño barrio de casas tradicionales vascas ubicado a poca distancia de la presa. Es el único de todo el enclave y hospeda a una decena de habitantes. Alrededor, todo es bosque de hayas, robles, pinos y otros árboles. El investigador asegura que los cursos de agua, la flora y la fauna en este valle están en condiciones mucho mejores que en el resto de la cornisa cantábrica. “Este sitio se ha conservado de forma exquisita”, comenta. Tan así­ es que los cientí­ficos consideran Artikutza, incluido en la Red Natura 2000, una referencia para los estudios de conservación. “Es el bosque más natural que hay. Si queremos saber cómo eran los rí­os antes de estar afectados [por el hombre], venimos aquí­â€, asegura.

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El Ayuntamiento de San Sebastián ya ha empezado el vaciado controlado de la presa. La inversión necesaria para compensar la falta de mantenimiento de los últimos 30 años supondrí­a un gasto desproporcionado, según consideraron los técnicos municipales. Y al aspecto económico se suman los efectos ambientales dañinos para el ecosistema. “Por un lado, creamos un hábitat totalmente artificial, muy malo para la mayor parte de los organismos del rí­o. Por el otro, estamos afectando el cauce del agua. El caudal que circula deja de ser natural”, detalla Elosegi. Los diques crean una barrera que divide las comunidades de especies distribuidas lo largo del rí­o, según explica el investigador. Y la calidad del agua empeora, porque en los embalses pueden generarse metales por la escasa presencia de oxí­geno.

El Ayuntamiento estudia la manera mejor para que el rí­o Enobieta vuelva a su cauce natural. Actualmente se está elaborando un proyecto de puesta fuera de servicio definitiva de la pared, para evitar que se derrumbe de golpe y el vaciado se descontrole. Fuentes municipales explican que se prevé completarlo en 2020, aunque este plazo podrí­a cambiar por la complejidad de la operación. De momento se han arreglado unas compuertas de la misma presa que permiten expulsar poco a poco el agua, para reducir el volumen del pantano y poder estudiar en mejores condiciones cómo inhabilitar el dique. Los costes finales de las obras todaví­a no se conocen.

El Consistorio cree que en lo que queda de año y en el siguiente el nivel del agua ya habrá descendido de forma considerable. Pero esta previsión podrí­a necesitar una revisión, porque depende de las condiciones meteorológicas. Las fuertes lluvias de esta primavera de hecho han anulado parcialmente los efectos del vaciado de los meses anteriores. En algunos puntos, el fondo del pantano puede estar a más de 30 metros de calado. Y actualmente el nivel del agua no baja más de unos 15 centí­metros al dí­a, algo no visible a simple vista. Desde los 40 metros de altura del dique, en cambio, este embalse de dos kilómetros enclavado en un entorno montañoso tan excelentemente preservado deja impresionado a cualquier observador.

Cuatro biólogos de la UPV hacen trabajo de campo en distintos puntos del valle. “Sabemos muy poco de las consecuencias de la demolición o la puesta fuera de servicio de grandes embalses”, comenta Elosegi. Los investigadores analizan el estado de los caudales en diferentes tramos del rí­o principal y de tres afluentes. Tienen previsto seguir con las mediciones y comparar los resultados para ver qué cambia durante y después del vaciado, según afirma Mirien Atristain, quien con este proyecto, llamado Desembalse, prepara su tesis doctoral. La investigación de la UPV ha recibido una financiación de 98.000 euros por parte de la Fundación BBVA.

Elosegi saca un correntí­metro, un oxí­metro y un medidor de nivel, instrumentos útiles para tomar muestras de la actividad y de las condiciones de los rí­os. Tras ponerse botas de pesca, los coloca en distintos puntos del afluente Elama para recoger datos y analizarlos en laboratorio. El efecto más esperable de la eliminación de la presa, según explica el investigador, es que poco a poco el rí­o principal “se vaya pareciendo a los que no están afectados por el embalse”.

Pocos metros más allá, Aitor Larrañaga saca sedimentos del fondo con una red y los filtra en un cubo. Busca bichos pequeños como insectos, lombrices y crustáceos. “Los invertebrados tienen un alto valor de bioindicación”, explica el biólogo. “Sabiendo qué especies tenemos, conoceremos qué condiciones tienen en su entorno”. El profesor de la UPV espera que el vaciado de la presa produzca modificaciones en el hábitat de estas especies. Los cambios podrí­an llevar a algunas de ellas a desaparecer. “La idea es hacer un seguimiento para ver si llega a ocurrir”, asegura. Otro objetivo es ver hasta qué punto la presa representa una barrera para estos pequeños habitantes de Artikutza. Larrañaga analiza si hay diferencias genéticas en las poblaciones de la misma especie que viven aguas arriba o aguas abajo del embalse.

En un silencio interrumpido solo por el canto de unas aves, los trabajos prosiguen también dentro de la propia presa. Dos investigadores catalanes expertos en rí­os y pantanos y uno de un centro alemán colaboran con Daniel Von Schiller, biólogo de la UPV, en la toma de muestras de los sedimentos y de las aguas del embalse. La maciza pared de la presa aparece enorme al acercarse a ella con una de las barcas que los cuatro usan para sus operaciones de campo.

A bordo de la lancha, Biel Obrador, investigador de la Universidad de Barcelona, saca del agua una botella conectada con un embudo. Es una trampa para las burbujas de gas metano que se generan en el fondo. Junto al CO2, esta es una de las sustancias que los sedimentos acumulados en el embalse emiten en la atmósfera. “Son dos formas gaseosas de carbono que tienen mucho que ver con el efecto invernadero”, asegura Von Schiller. Su propósito es medir el nivel de estas emisiones antes y después de la eliminación del embalse.

En la cola del pantano ya se ven los primeros efectos del vaciado. La retirada de las aguas ha dejado descubiertos los sedimentos acumulados en el fondo. Elosegi se muestra convencido de que la eliminación de la presa supondrá grandes beneficios para el ecosistema de Artikutza. “Durante cien años aquí­ no ha habido prácticamente ninguna actividad humana, salvo el embalse. Y vamos a eliminar ese embalse, así­ que pensamos que el nivel de naturalidad de ese valle va a aumentar todaví­a un escalón más”.

 

 

Fuente: El Paí­s

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