Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
27 de marzo de 2015

Caso de estudio Boletí­n EME 12: Evaluación de la biodiversidad marina en Andalucí­a y Murcia

Por: Paloma Alcorlo Pagés y Susana Garcí­a-Tiscar

La cuenca marina Mediterránea se considera uno de los 25 centros de biodiversidad reconocidos a escala planetaria, con 17000 especies descritas hasta el momento. En la zona de estudio los peces de interés comercial representan el 44,6% del total de especies de peces del Mediterráneo, las tortugas el 80% y los cetáceos el 43,4%. Respecto a las aves marinas hay 20 especies, cinco más que en la cuenca Mediterránea.

La evaluación de la biodiversidad marina de Andalucí­a y Murcia se ha centrado en el análisis de aquellos grupos taxonómicos para los cuáles existen disponibles series temporales largas de datos que puedan ser utilizadas para evaluar su relación con las diferentes presiones para las que también se han conseguido series temporales largas. Así­ pues, sólo se incluye información de las especies de interés pesquero (crustáceos, moluscos y peces) y de los vertebrados con interés de conservación (aves, tortugas y cetáceos) (Figura 1).

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Los resultados de la evolución de las series temporales de la abundancia de las especies de interés pesquero ponen de manifiesto que existen signos inequí­vocos de la sobreexplotación del caladero y colapso del ecosistema que lo mantiene como por ejemplo el importante declive de los desembarcos, la diversificación de la pesquerí­a en busca de nuevos objetivos, y la caí­da significativa del nivel trófico medio de las capturas.

Los desembarcos pesqueros en Andalucí­a se han reducido en un 56,6% durante el periodo analizado, desde las 143.813 Tm en 1985 hasta sólo 62.344 Tm en 2013, mientras que el número de especies, que aparecen en las estadí­sticas oficiales ha pasado de 111 a 389 (Figura 2), es decir, más del doble de especies, para menos de la mitad de peso desembarcado.

El arrastre de fondo es una de las artes de pesca más frecuente y tecnificadas del área de estudio y de todo el Mediterráneo y es responsable de un elevado porcentaje de las capturas totales. A causa de su inespecificidad y del aparejo utilizado, tiene consecuencias dramáticas en los ecosistemas, alterando la morfologí­a de los fondos marinos al literalmente arrasar y arrastrar todo lo que encuentra a su paso, y causando la degradación de las comunidades asociadas modificando la estructura y el funcionamiento del sistema. Este arte junto con el cerco, representan a las artes de pesca que mayor cantidad de biomasa extraen del sistema, responsables de más del 80% del total de desembarcos.

 

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En el caso de las especies sin interés comercial, hay numerosas iniciativas a diferentes escalas para obtener información sobre su biologí­a y amenazas, y para poner en marcha medidas de conservación más o menos eficaces. Por ejemplo, en el caso de la tortuga boba, se ha conseguido disminuir su tasa de captura accidental en el área de estudio de forma significativa, poniendo de manifiesto que el trabajo multidisciplinar en el que se involucran todos los sectores implicados es el camino a seguir para la mejor gestión del ecosistema. Sin embargo, hasta ahora se trabaja habitualmente de forma sectorial, es decir, se diseñan áreas marinas protegidas en función de la presencia de una o varias especies objetivo de conservación, sin tener en cuenta los procesos ecológicos que favorecen su presencia y sin considerar que el objetivo final no debe ser la conservación de algunas especies emblemáticas sino la del sistema completo. Es cierto que la presencia de algunas especies recogidas en tratados internacionales puede ser una herramienta de conservación potente si el diseño de las medidas a implementar se hace no solo pensando en esas especies sino en el socioecosistema completo.

 

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