Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
9 de octubre de 2012

Caso de estudio: “Los ecosistemas de rí­os y riberas en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España”

Autoras: Mª Luisa Suárez Alonso y Mª Rosario Vidal-Abarca Gutiérrez.

España posee una gran diversidad de tipos de ecosistemas fluviales (rí­os de caudal permanente, temporales, intermitentes e incluso secos: “ramblas”, con aguas dulces, salinas e hipersalinas y muchos de ellos en la frontera entre rí­os y humedales) que en total no ocupan más del 1, % del territorio nacional. A ello se debe que posean una alta biodiversidad y, sobretodo, una gran endemicidad en su flora y fauna acuáticas. La variabilidad hidrológica natural es el rasgo biofí­sico más singular de estos ecosistemas pero también el que la sociedad y sus gestores perciben como negativo, impidiendo y dificultando la obtención de beneficios.

Los rí­os y riberas españoles son fundamentalmente los proveedores del agua dulce básica para el ser humano y para todas sus actividades, pero además proporcionan, otros servicios de abastecimiento como alimentos (naturales: peces, frutas silvestres, etc. y tecnificados: acuicultura), energí­a (hidroelectricidad), materiales de distinto origen (madera, fibras, sal, etc.), y medicinas naturales. Los rí­os y riberas son de los ecosistemas más valorados por el ser humano por su capacidad para proporcionar servicios culturales relacionados con el ocio, el bienestar, la identidad cultural y el conocimiento y saber ecológico local.

Pero los servicios más importantes y menos tangibles que nos proveen son los de regulación: rí­os y sus riberas intervienen en la regulación del clima local aumentando la evapotranspiración, amortiguando las temperaturas extremas y almacenando CO2. Las riberas bien conservadas controlan los procesos de erosión de las laderas y amortiguan las avenidas de agua, procesan la materia orgánica y controlan la entrada de nutrientes desde sus cuencas de drenaje, mostrando una alta capacidad autodepuradora. Pero, sobre todo, son los ecosistemas que conectan el resto del territorio: los flujos de agua transportan y redistribuyen sedimentos, materia orgánica y nutrientes; hacen funcionar los ciclos biogeoquí­micos de los cuales, el ser humano se beneficia, por ejemplo, al depurar las aguas; generan hábitats para la supervivencia de especies de ambientes más húmedos y las introducen en medios más áridos: son corredores de biodiversidad. En este sentido la interdependencia de los ecosistemas fluviales y los terrestres en sus cuencas de drenaje, es básica para mantener el bienestar humano.

Con el fin de evaluar el estado actual de los servicios que generan los rí­os y riberas españoles y las tendencias que han seguido en los últimos 50 años aproximadamente, se han utilizado un total 138 indicadores de distinta í­ndole, seleccionados y priorizados según los criterios definidos para el EME (Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España, 2011).

El análisis de estos indicadores ha dado como resultado que, de los 21 servicios analizados (Figura 2), 14 de ellos (66,7%) se están degradando o se están utilizando de manera insostenible. Los más afectados son los servicios de regulación (por ejemplo capacidad de autodepuración, control de la erosión, regulación hí­drica, etc.) y los culturales relacionados con el saber popular, el conocimiento ecológico local y la identidad cultural. En contraposición, algunos servicios de abastecimiento tecnificados (como las plantaciones de choperas en las riberas fluviales) y los culturales más demandados por la sociedad urbana (como zonas de ocio, ecoturismo, educación ambiental, etc.), están aumentando.

La razón de este deterioro se debe, principalmente a seis impulsores directos de cambio. En primer lugar, a los cambios de usos del suelo y a la sobreexplotación y alteración de los flujos de agua, en segundo lugar a los cambios en los ciclos biogeoquí­micos y a la  introducción de especies exóticas invasoras, y por último al cambio climático y a contaminación del agua, que inciden directamente sobre la capacidad para generar servicios de los ecosistemas de rí­os y riberas españoles.

Así­, en los últimos 50 años se han alterado o degradado más rí­os y riberas españoles que en cualquier otro periodo de tiempo, especialmente para satisfacer las demandas de agua de la creciente agricultura de regadí­o que consume más del 80% del agua que se extrae de los ecosistemas fluviales y más del 20% de las aguas subterráneas. A pesar de ello, más de la mitad del agua utilizada para producir los alimentos que se consumen en España procede de otros paí­ses: España importa, en forma de productos agrí­colas, más cantidad de agua de la que se utiliza en agricultura, siendo pues, un importador neto de agua virtual, y uno de los paí­ses europeos con mayor huella hí­drica (Camarero et al., 2011).

La excesiva presión ejercida sobre los rí­os y riberas españoles si bien ha conseguido aumentar el servicio de abastecimiento de agua dulce, está incidiendo negativamente sobre otros servicios de abastecimiento, los de regulación y los culturales. Así­, los “almacenes naturales de agua” que regulan el ciclo hidrológico en las cuencas están muy deteriorados: tanto el número de glaciares como su superficie han retrocedido de forma extraordinaria en los últimos 200 años; el 28,5% de los acuí­feros españoles se están explotando de forma intensiva y la humedad del suelo está disminuyendo. Por el contrario, la capacidad reguladora de los 1.300 embalses construidos en España es prácticamente nula y, a pesar de que controlan el 50% del agua generada en las cuencas, su modelo de gestión no asegura el abastecimiento durante los periodos de sequí­a.

Los cambios de uso del suelo son responsables directos de la pérdida de muchos servicios de regulación como el control de la calidad del aire, la regulación morfosedimentaria y formación de suelo o la capacidad para amortiguar las perturbaciones naturales. De hecho, las llanuras aluviales españolas prácticamente han desaparecido como ecosistemas naturales, dado que más del 9% están ocupadas por la agricultura y por zonas urbanas (Miguel Garcí­a et al., 1982) (Figura 3).

Además, cada vez es más evidente cómo el agua está pasando de ocupar su espacio natural en rí­os y arroyos a estar retenida en balsas artificiales. Se calcula que actualmente en España existen más de 50.000 balsas (aunque hay fuentes que hablan de 80.000-100.000) (González, et al., 2009) que, además evaporan gran cantidad de agua alterando el clima local y regional. El aumento de las superficies artificiales y de las tierras de regadí­o en las llanuras de inundación, aumentan la escorrentí­a, disminuyen la capacidad de infiltración del agua y con ello la recarga de acuí­feros, precisamente los mecanismos naturales que pueden minimizar los efectos negativos de las avenidas de agua. Además, los cambios de uso del suelo, junto al control exhaustivo de caudales (sobreexplotación) y al aumento de la carga contaminante, han hecho disminuir la capacidad autodepuradora de muchos rí­os españoles (el 74% de los tramos de rí­os españoles estudiados según criterios de la Directiva Marco del Agua, presentan problemas de contaminación).

Los rí­os y riberas ejemplarizan una gran cantidad de servicios culturales que generó el saber popular a través de la experiencia, su uso y disfrute, pero que hoy dí­a se están perdiendo a un ritmo muy acelerado, sobre todo los relacionados con el conocimiento ecológico local y la identidad cultural, o se están degradando como en el caso del disfrute espiritual y religioso. La cantidad y diversidad de artilugios y sistemas hidráulicos, de los que España es especialmente rica, es la manifestación de un modelo de uso sostenible del agua perfectamente acoplado al ciclo hidrológico (Figura 4).

Buena parte de la experiencia del ser humano con los rí­os y riberas está incorporada al saber popular a través de refranes, nombres de pueblos, lugares o enseres que nos han legado un rico catálogo en forma de vocablos. Muchas plantas de los rí­os y riberas aún son utilizadas por las poblaciones rurales por su valor culinario, terapéutico, como materiales de construcción, en cesterí­a, o en ritos. Sin embargo, cada vez es mayor la demanda por parte de la población urbana de espacios de ocio para realizar actividades recreativas, ecoturismo o simplemente disfrutar de ambientes saludables, entre los que los paisajes ligados al agua son de los más requeridos, quizás porque, desde el punto de vista estético, son de los que producen mayor placer y bienestar al ser humano.

Es tiempo de realizar una “reconversión hí­drica” sobre la base de que los rí­os y riberas son el capital natural que proporcionan muchos servicios básicos para la supervivencia y el buen vivir de los españoles y que, la gestión sostenible del agua y de los ecosistemas acuáticos, hay que integrarla en el espacio territorial que constituyen las cuencas hidrológicas, conexionando y coordinando las polí­ticas hí­drica, agrí­cola y forestal.

Bibliografí­a

Camarero, F. (Coord.). 2011. Huella hí­drica, desarrollo y sostenibilidad en España. Fundación MAPFRE.

Evaluación de los ecosistemas del Milenio de España. 2011. La evaluación de los ecosistemas del Milenio de España. Sí­ntesis de resultados. Fundación Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino.

González, J.M., R. Segura, J. Sánchez. 2009. Situación actual de las balsas y los pequeños embalses en España. Asociación Técnica Española de Balsas y pequeñas presas. (http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=balsas%20de%20riego%20en%20espa%C3%).

Miguel Garcí­a, P. de; et al.; 1982. Riberas marí­timas, fluviales y lacustres: elementos para una ordenación. CEOTMA, serie documentación 2. MOPU. Madrid, 88 pp.

Más información

Capí­tulo 10. Rí­os y Riberas del Informe de Resultados de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio.

Discute esta información en nuestro perfil de Facebook

Contacto | Área privada