Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
24 de noviembre de 2014

De esconder la cabeza bajo la arena a sumergirla bajo el mar

Inmaculada Férriz Murillo y Laura Royo Marí­, equipo de ecosistemas marinos, TAIB (The Albufera International Biodiversity group).

El recorrido de la humanidad en el planeta ha transcurrido en gran parte por tierras emergidas, por lo que nos podemos considerar animales terrestres. La necesidad y la curiosidad del ser humano, sin embargo, nos puso en contacto con lo marino hace ya mucho y esa relación se ha ido intensificando hasta nuestros dí­as, en los que experimentamos un creciente interés hacia el fascinante y desconocido mundo sumergido. Este “éxito” se apoya fundamentalmente sobre dos pilares: por una parte, la intensificación de usos hasta hace poco considerados como tradicionales o de bajo impacto; por otra, la aparición de nuevos usos o la popularización de otros, de manera que se ha dado salida a nuevas demandas a la par que se han generado nuevos problemas. Así­ pues, la presencia humana en el mar es cada vez mayor, tenemos sed de mar, pero debemos reparar en cómo vamos a hacer uso de lo marino para minimizar los impactos ya existentes y evitar los que estén por venir.
En el contexto de la Evaluación de los ecosistemas del milenio esta relación de la humanidad con el mar fluye a través de los servicios que nos proporcionan los ecosistemas marinos, considerados de los ecosistemas más productivos del planeta. Precisamente esa productividad es la base de la pesca, el servicio de abastecimiento por excelencia, que se ha industrializado en gran parte para atender a una creciente demanda mundial, siguiendo la tendencia de su homólogo terrestre, lo que ha influido enormemente en que actualmente haya que realizar un esfuerzo mucho mayor para pescar, haciendo uso de más energí­a, largando las artes más hondo y más lejos para no pescar lo de antes en mucho casos. En lo que respecta a la pesca no profesional, informal o incluso de supervivencia, ésta ha experimentado en los últimos años un notable cambio de intensidad y concepto, tornándose una actividad cada vez más popular y con un sentido recreativo, de manera que se estima actualmente como de gran importancia a efectos de extracción pesquera. No es de extrañar entonces que el 90% de los stocks mediterráneos, por ejemplo, estén sobreexplotados y tampoco que la acuicultura se venga postulando como la solución al problema y por eso haya crecido espectacularmente en las últimas décadas, pese a tener muchos inconvenientes.

Si nos fijamos en los servicios de regulación, pese a ser más complejos de identificar hoy en dí­a adquieren la importancia debida gracias al reconocimiento de su contribución a nuestra calidad de vida: mantienen el equilibrio dinámico de nuestras playas, regulan el clima (un 90% del aumento de calor del último siglo está almacenado en el océano, además de un 45% de todo el CO2 emitido por la actividad humana) o sostienen la fertilidad del medio (la actividad biológica en el océano genera 2/3 partes del oxí­geno que respiramos). En lo que respecta a los servicios culturales, algunos reciben un interés nunca antes habido, lo que tiene mucho que ver con el desgaste del servicio de pesca, ya que el cambio de lo artesanal a lo industrial afecta también a los hábitos de consumo, a la estructura social de los trabajadores en la empresa/barco y a la pérdida paulatina de saberes locales y tradicionales. La educación ambiental marina es uno de los servicios de aparición relativamente nueva y surge como respuesta a la necesidad de frenar los efectos negativos de nuestra actividad en el mar. Por todo ello, no es de extrañar que el 44% de la población española viva de manera estable en el 7% de la superficie del territorio estatal que ocupan los municipios litorales (INE,2010), donde existe un beneficio directo de muchos de estos servicios.

Aun así­, la capacidad de mares y océanos para proveer servicios no es infinita y el desequilibrio de sus ecosistemas compromete esta capacidad en el presente y futuro, lo que podrí­a tener consecuencias devastadoras sobre el bienestar humano. Es por ello que es necesario ahondar en el conocimiento de las dinámicas ecológicas y sociales que influyen sobre estos servicios para establecer un diagnóstico de la situación actual y buscar soluciones para poder relacionarnos en un futuro de manera realmente sostenible con el mar, garantizando la supervivencia de sus ecosistemas, los servicios que nos aportan y el bienestar humando que se deriva de ellos. A efectos de la generación de conocimiento en esta lí­nea, en España se vienen desarrollando iniciativas de investigación de diversa í­ndole, desde proyectos de gran envergadura como al programa INDEMARES o muchos otros relacionados con el cumplimiento de la Directiva Marco Europea sobre la Estrategia Marina, llevados a cabo diversas instituciones como la decena de Centros de investigación marinos del CSIC, los aproximadamente 15 Grupos de investigación de universidades españolas en áreas marinas o los Centros del Estado relacionados con la pesca (IEO, SG Pesca). A modo de indicador de esta frenética actividad, el número de publicaciones de instituciones españolas de artí­culos de investigación sobre ciencias y tecnologí­as marinas supera los 7.000 tí­tulos, de los cuales muchos pretenden buscar la sostenibilidad de la pesca, analizando el estado de poblaciones comerciales, determinando zonas a proteger, estableciendo la intensidad del impacto de las diferentes artes de pesca, etc. Además, existe una creciente revalorización del conocimiento empí­rico tradicional y se persigue el diálogo entre éste y el conocimiento cientí­fico, de manera que se enriquezcan tanto la visión del tema como las posibilidades de avance en la gestión sostenible de los ecosistemas. Es remarcable también el trabajo que se viene haciendo más recientemente desde las ciencias sociales, que sitúan cada vez más en el centro de sus estudios a los sectores de la sociedad que se relacionan con los recursos marinos, para entender mejor el porqué de haber llegado a la situación actual y que abren camino, por lo tanto, en el cómo se debe obrar para poder establecer soluciones reales, a medida de cada caso y teniendo en cuenta a los actores implicados. Finalmente, se están realizando cada dí­a más y mayores esfuerzos en lograr que haya incidencia de esta enorme generación de conocimiento en la polí­tica, con objeto de que quede reflejada la problemática y que se dé salida a las posibles soluciones desde el apoyo de las instituciones públicas y sus polí­ticas.

Parece que hemos dejado atrás la actitud de ignorar el peligro que corren los ecosistemas marinos, y por tanto a nuestro bienestar, para pasar a encarar la situación metiendo la cabeza, y el corazón, bajo el mar para avanzar hacia un uso racional de los océanos, que requiere la generación de conocimiento cientí­fico y de la experiencia del saber tradicional, pero también de una mayor capacidad de cooperación social e intersectorial para el desarrollo de un marco legal que vele por el uso equitativo y sostenible de los servicios. La humanidad será mucho más marina de lo que lo es en la actualidad; en vencer estos desafí­os descansa en buena medida nuestro futuro.

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