Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
26 de diciembre de 2012

El concepto del «Buen vivir»

En pocas palabras, puede resumirse al mundo andino como uno donde existí­an relaciones de dominación y conflicto, pero donde aún éstas estaban rigurosamente supeditadas a principios de armoní­a y equilibrio superiores -Allin Kawsay- arraigados profundamente. En ellos, el ser humano se veí­a a sí­ mismo como una parte nada más, equivalente y en relación de reciprocidad, a otras partes de la totalidad universal cósmica, una ruptura fundamental con el antropocentrismo hoy hegemónico y en crisis. Sus estructuras y relaciones de poder, dominación y conflicto, estaban inmanentemente limitadas por un mí­nimo común ético indiscutible e inviolable, que hací­an de hecho que la miseria y la agresión a la naturaleza fueran literalmente inconcebibles, y fueron artí­culo de importación europeo que causaron tanto estupor e incomprensión a sus habitantes originales como las inéditas armas de fuego y las pestes mortales del invasor.

Esta auto limitación, profundamente acendrada como verdad imprescindible, como ética a la vez social y cósmica, es opuesta a la concepción del desarrollo entendido como acumulación interminable de productividad económica material, que hoy predomina todaví­a y ha puesto al planeta y a la especie frente a riesgos y amenazas de magnitud catastrófica, así­ como a las crecientes desigualdades materiales y simbólicas que alimentan interminables conflictos y desgarramientos a nivel local, nacional, regional y mundial. Y constituye el núcleo central del enfoque de “Buen vivir” que emerge en la última década, como aporte relevante a nuevos pilares civilizatorios desde América Latina, como fruto de la combinación del saber ancestral andino y una renovada reflexión crí­tica, intelectual y académica, que ciertamente está poblada por matices y aún polémicas internas de múltiple í­ndole.

Aunque sus fórmulas de expresión más conocidas remiten al “Sumak kawsay” del kichwa de los actuales Ecuador y Perú, y al “Suma Qamaña” del aymara de la actual Bolivia, encuentra fórmulas similares en el “í‘andereko” de los Guaraní­es, el “Shiir waras” de los Ashuar, el “Kí¼me mongen” de los Mapuche, y en prácticamente todos los pueblos indí­genas, no sólo en América Latina, sino en todas las culturas ancestrales del mundo, lo cual no exime al enfoque de polémicas internas sobre su real grado y formas de relación con los pueblos indí­genas. Ello pone en evidencia el carácter plural y abierto, y hasta mestizo cuando entronca con las nuevas reflexiones emancipatorias, que de hecho presenta el concepto de Buen vivir, en el sentido que no logra, ni parece ser su vocación, definirse absoluta y detalladamente, pero que sí­ muestra un ní­tido y sólido conjunto de valores, formas de pensar y sentir al ser humano, la naturaleza y el cosmos que, teniendo como fuente histórica la ancestral cultura andina, aparece con renovada vigencia intelectual y sentido polí­tico como insumo relevante para nuevos pilares civilizatorios.

Su núcleo distinguible puede sintetizarse esencialmente en una mirada holí­stica y cósmica, de respeto y convivencia horizontal con la naturaleza, de búsqueda de la justicia social y el pleno respeto pluricultural. De manera especial, enfatiza una radical concepción del bienestar y el desarrollo que impone la auto limitación y la austeridad como opuestos a la producción ilimitada y el despilfarro irresponsable e insostenible. Desde hondos contenidos comunitarios, pone en muy limitada importancia el consumo y la propiedad individuales, pero releva a un lugar crucial la inclusión de todos y la armoní­a de los sentimientos. Un mirar y un sentir del ser humano y del mundo que lo integra de manera orgánica con la totalidad del universo, separándose del antropocentrismo hegemónico de la modernidad occidental capitalista. Lo que ha llevado a algunos intelectuales a caracterizarlo como “biocéntrico”, “bioigualitarista” o “bioambientalista”.

Apropiado por diversos sectores sociales, e incorporado de múltiples formas a las nuevas propuestas de gobernanza, desde las nuevas legislaciones a las nuevas formas de conceptuar la economí­a y las relaciones con el medio ambiente, abre fuertes debates sobre sus posibles realizaciones históricas concretas, que pueden derivar en formas alternativas de sociedad, que superen y remplacen lo hegemónico, o queden limitadas dentro de él. Es el desafí­o que presenta al Buen Vivir la realización de sus principios en proyectos polí­ticos, planes gubernamentales, polí­ticas públicas, y nuevas formas no convencionales y viables de organización económica a toda escala, con las dificultades y riesgos que ello implica. Así­ ocurre con mucha fuerza en paí­ses como la República de Ecuador y el Estado Plurinacional de Bolivia.

Se trata de un proceso en flujo y en diálogo, necesariamente múltiple y plural, que converge a la vez en un flujo y dialogo más amplio, a escala de comunidad de destino humana, junto a numerosos otros aportes de otras tantas ricas culturas ancestrales, así­ como de pensamientos emancipatorios emergentes en occidente, que tomando crí­ticamente lo mejor de los elementos de la modernidad, se nutren de lo más avanzado del conocimiento y la reflexión actuales y crean inéditas propuestas éticas que, haciéndose cargo de las urgencias del presente, contribuyen también a la conformación de nuevos pilares de la civilización para la comunidad de destino humana.

Autor: Ricardo Jiménez.

Fuente: http://www.world-governance.org.

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