Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
18 de diciembre de 2010

Entrevista a Marga Gómez-Reino

Margarita Gómez-Reino es profesora de Ciencia Polí­tica y de Administración en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Es doctora en Ciencias Polí­ticas y de la Administración por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).  Ha sido Marie Curie Research Fellow en la Universidad de Utrecht, y profesora en las Universidades de Santiago de Compostela y Salamanca. Sus lí­neas de investigación principales se centran en el estudio comparado de nuevos partidos polí­ticos y movimientos nacionalistas, partidos de la nueva derecha radical en Europa, la participación de la sociedad civil en la gobernanza multinivel, y las actitudes de apoyo y rechazo ante el proceso de integración europea.

Puede resultar sorprendente que en un proyecto cuyo nombre trata de ecosistemas, participe una persona con una trayectoria como la tuya, ¿cuál es tu relación con la Evaluación de Ecosistemas del Milenio de España?

Es cierto que en mi trabajo de investigación me he ocupado sobre todo de fenómenos relacionados con las identidades polí­ticas, desde distintas formas de nacionalismo hasta el radicalismo de derechas en perspectiva comparada, pero también he participado en otros proyectos de investigación en los que he analizado algunas polí­ticas públicas, como las medioambientales, y cuestiones como la participación de la sociedad civil en la gobernanza multinivel. Creo que un punto en común en estas investigaciones en distintos ámbitos es precisamente el estudio de la interacción entre los distintos actores de la polí­tica (llámese movimientos sociales o partidos polí­ticos), y las instituciones en las que se enmarcan.

Mi relación con la Evaluación de Ecosistemas del Mileno de España surge a raí­z de una sugerencia de Carlos Taibo de reforzar los aspectos institucionales para analizar los impulsores indirectos de cambio. Carlos Montes me propuso entonces entrar a formar parte del equipo que analiza los impulsores indirectos de cambio. Creo que es precisamente mi interés por los procesos que se producen en la intersección entre actores e instituciones lo que explica mi presencia en EME y mi interés por participar en el proyecto.

¿Por qué crees que es interesante participar en el proyecto de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio de España y darle un carácter interdisciplinar?

Me gustarí­a contestar por separado a estas dos cuestiones. Creo que el interés en este proyecto de investigación es indiscutible por varios motivos. Es un esfuerzo ambicioso para proporcionar herramientas comunes para analizar la resiliencia de los ecosistemas en relación al bienestar humano. Al mismo tiempo, EME busca incluir, podrí­amos decir así­, todas las piezas del puzzle en términos de los factores que influyen en la conservación de los ecosistemas. Destacarí­a que EME es un proyecto de investigación integral y horizontal. Es ‘integral’ en el sentido de completo, porque busca definir todos los factores que pueden influir en el sistema que vincula los ecosistemas con el bienestar humano a partir de la provisión de servicios. EME es también ‘horizontal’ en el sentido de buscar un equilibrio entre los ecosistemas y el bienestar humano, redimensionando la primací­a teórica y empí­rica de cada uno de ellos en la mayorí­a de los modelos vigentes existentes. Creo que EME pone a la misma altura estos dos elementos.

En relación al carácter interdisciplinar del proyecto, me gustarí­a decir que los proyectos interdisciplinares han tenido una fortuna cambiante, en particular en las ciencias sociales. Hubo épocas doradas en los años 50 y 60 con una visión más amplia y menos especializada de los fenómenos, que fue sustituida por visiones muy especializadas de la investigación. Creo que para analizar fenómenos complejos, y los ecosistemas lo son por definición, es imprescindible tener una perspectiva interdisciplinar. Aunque a veces sea difí­cil de obtener, es importante demostrar que es posible la comunicación entre disciplinas y el trabajo en equipo, y que podemos superar las diferencias conceptuales y metodológicas para lograr objetivos comunes. Cuando trabajamos cada uno en nuestro ámbito, ‘los árboles no nos dejan ver el bosque’. En este sentido EME ha acertado plenamente con esta estrategia interdisciplinar.

En el marco de tu participación en este proyecto, ¿cómo definirí­as un impulsor indirecto de cambio y cuáles son para ti ahora los impulsores polí­ticos más destacables?

EN EME los impulsores de cambio, es decir, los factores que generan cambios en los ecosistemas, pueden ser tanto directos (más relacionados con procesos fí­sicos, quí­micos o biológicos que afectan al flujo de servicios de los ecosistemas), como indirectos, que son factores más difusos y que influyen sobre los impulsores directos. Impulsores indirectos de cambio serí­an los factores o variables que inciden en los impulsores directos de cambio y que contribuyen, en el modelo teórico del Millenium Assessment, a explicar el deterioro de los ecosistemas, en particular de los servicios de los ecosistemas.

Yo dirí­a que en EME la polí­tica es algo más que un impulsor indirecto de cambio ya que la polí­tica ‘se insinúa’ claramente, tanto en los impulsores indirectos, como en los mismos impulsores directos de cambio (piénsese en los usos del suelo por ejemplo) como uno de los elementos cruciales que influyen en los ecosistemas. La polí­tica entra en juego en el modelo EME de varias maneras, en realidad creo que en cuatro ámbitos diferenciados: en lo relativo a las intervenciones y estrategias polí­ticas (opciones de respuesta), en los impulsores indirectos de cambio (que influyen causalmente en los impulsores directos de cambio), como parte integrante de lo que se denomina socio-ecosistemas (en forma de subsistema de gobernanza o sistemas de gobernanza) es decir serí­an las organizaciones y reglas que gobiernan el ecosistema siguiendo los trabajos de Ostrom, y finalmente, como el marco que consiente y permite la existencia y operatividad de las distintas opciones de respuesta. Así­, creo que la polí­tica tiene una clara primací­a sobre cualquier otro factor. Esta primací­a de la polí­tica supone también poner sobre la mesa que la polí­tica es un arma de doble filo. Por un lado, nos permite tomar decisiones sobre nuestros valores y objetivos, también en el ámbito de la conservación de los ecosistemas. Por otro lado, la polí­tica es el reino de las instituciones capturadas por intereses particulares, de la corrupción, de los diseños institucionales complejos y de las polí­ticas con consecuencias perversas y no queridas.

En relación a los impulsores polí­ticos más destacables para EME, la propuesta que estamos elaborando Carlos Taibo y yo para EME define algunos indicadores como los impulsores polí­ticos más destacables combinando por un lado los modelos de gobernanza existentes, y por otro lado, las polí­ticas públicas que determinan en último término el marco regulatorio de los impulsores directos de cambio de los ecosistemas. El modo de gobernanza es un factor genérico que se refiere al modo de adopción de decisiones y a su implementación. Las polí­ticas públicas, por su parte, son especí­ficas, se refiere a los contenidos de las decisiones adoptadas, a su implementación y a sus efectos. En relación a la gobernanza, hay varias cuestiones en juego. En el marco de los talleres EME sobre impulsores indirectos de cambio hemos tenido la oportunidad de intercambiar ideas sobre este polémico concepto, muy criticado por su utilización en ocasiones desde posiciones ideológicas neoliberales. Según la Real Academia Española, gobernanza es el arte o manera de gobernar que promueve un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economí­a’. Podemos hablar de gobierno, siempre y cuando se tenga en cuenta que gobernanza es una concepción más amplia que, como la RAE indica, incluye como actores Estado, sociedad civil y mercado y su participación en la toma de decisiones colectivas. En definitiva, lo que importa es incluir el diseño institucional y cómo afecta a la toma de decisiones de los actores.

En el escenario del cambio global, ¿qué transformaciones sociales son necesarias actualmente y en qué medida crees que este proyecto puede contribuir a ellas?

En primer lugar, es necesario un cambio de valores, sin duda, para que cambie la percepción sobre nuestra relación con la naturaleza. Hay formas de plantear este cambio de valores como una transformación de gran envergadura, o formas mucho más modestas y gradualistas de plantear la relación entre ecosistemas y bienestar humano, con una polí­tica de pequeños pasos que garantice, al menos, que vamos en la dirección adecuada. Sin cambio de valores y percepción sobre la naturaleza no es posible difundir a la sociedad en su conjunto las necesidades futuras. En segundo lugar, la transversalidad de las polí­ticas públicas es fundamental. De nada sirve el tratamiento aislado de los fenómenos, de hecho sólo para desequilibrar lo que una vez pudo estar equilibrado, en particular cuando hablamos de ecosistemas. La transversalidad supone un reto para la formulación, planificación, e implementación de las polí­ticas públicas.

Para lograr esas transformaciones sociales y que este proyecto tenga una utilidad social ¿qué otros agentes sociales crees que es necesario que sean parte también de esta evaluación o cómo podemos cooperar con otras entidades y otros proyectos que están en marcha?

En primer lugar hay una labor de información y difusión imprescindible en un proyecto con las caracterí­sticas de EME. El punto de partida para que el proyecto tenga utilidad social es crear conciencia de que ‘es cosa de todos’, estado, sociedad civil y empresa. En relación a los agentes sociales que pueden participar, hay cuestiones muy importantes en juego sobre quiénes y cómo van a participar. La cooperación y el conflicto entre los actores no son necesariamente alternativas sino dinámicas complementarias. Por ejemplo, el conflicto y la protesta permiten denunciar y poner sobre la mesa los abusos de empresas y administraciones frente al medioambiente. Aquí­ la incorporación de las demandas de los movimientos sociales frente al deterioro de los ecosistemas es un requisito básico. Al mismo tiempo, la misma cooperación de estos agentes económicos puede permitir que se consigan resultados que beneficien la conservación de los ecosistemas. Hay que considerar, aunque sea de forma crí­tica, lo que supone, por ejemplo, que grandes empresas ahora se ocupen de medioambiente dentro de sus programas de responsabilidad social corporativa. ¿Es esto una oportunidad para involucrar a las empresas? ¿O es esto simplemente un ejemplo de gobernanza neoliberal y una participación que sólo sirve parar maquillar el papel de las empresas en la degradación del medio ambiente? En definitiva, esto supone buscar una relación entre estado, sociedad y mercado más horizontal, y una participación integral de los mismos actores en la toma de decisiones colectivas.

Personalmente creo que es todo un reto mantener un necesario espí­ritu crí­tico y de denuncia y al mismo tiempo conseguir involucrar distintos actores y sus intereses en un proyecto común. EME es un proyecto que para mí­ intenta reconciliar la convivencia entre seres humanos y su bienestar por un lado, y la resiliencia de los ecosistemas, por otro. Lo difí­cil en este mundo es siempre ponerse de acuerdo sobre qué hacer, y cómo hacerlo. Todo un reto polí­tico para EME.

Muchas gracias

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