Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
14 de junio de 2012

La FAO condiciona el desarrollo sostenible a erradicar el hambre

La FAO indica en un documento de polí­ticas, preparado para la cumbre de Rí­o+20, que no es posible realizar un desarrollo sostenible si no se erradican el hambre y la desnutrición. Por eso, insta a los paí­ses a que sus gobiernos sean transparentes, participativos y con rendición de cuentas para garantizar un futuro sostenible.

«El desarrollo no se puede llamar sostenible mientras persista esta situación, mientras uno de cada siete hombres, mujeres y niños queden rezagados, ví­ctimas de la subnutrición», afirmó el Director General de la FAO, José Graziano da Silva.

«La búsqueda de seguridad alimentaria puede ser el hilo conductor que conecte los distintos desafí­os que afrontamos y ayude a construir un futuro sostenible. En la Cumbre de Rí­o tenemos una oportunidad invaluable para estudiar la convergencia entre los programas de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad, a fin de asegurar que se haga realidad», añadió.

Uno de los grandes defectos de los sistemas alimentarios de hoy es que, a pesar del considerable adelanto en el desarrollo y la producción de alimentos, cientos de millones de personas pasan hambre porque no tienen los medios para producir o adquirir los alimentos necesarios para llevar una vida sana y productiva, indica el informe. «Es indispensable mejorar los sistemas agrí­colas y alimentarios para que el mundo tenga una población más saludable y ecosistemas más sanos», añade la publicación.

El informe «Hacia el futuro que queremos: poner fin al hambre y hacer la transición hacia sistemas agrí­colas y alimentarios sostenibles», insta a los gobiernos a establecer y proteger los derechos a los recursos, especialmente para los pobres; incorporar incentivos para el consumo y la producción sostenibles en los sistemas alimentarios; promover mercados agrí­colas y de alimentos justos y que funcionen bien; reducir riesgos e incrementar la resiliencia de los más vulnerables; invertir recursos públicos en bienes públicos esenciales, especialmente innovación e infraestructura.

Hambre y medio ambiente

El informe hace hincapié en que la reducción del hambre y el desarrollo sostenible están irrevocablemente ligados, y que una gobernanza mejor de la agricultura y los sistemas alimentarios es decisiva para alcanzar ambos objetivos. Los sistemas agrí­colas y alimentarios ya son grandes usuarios de recursos. Por ejemplo, los sistemas alimentarios consumen el 30% de la energí­a mundial. Los sectores agrí­cola y pecuario utilizan el 70% del total de la extracción de agua.

Tres cuartas partes de las personas pobres y que pasan hambre en el mundo viven en las zonas rurales y los medios de subsistencia de la mayorí­a de ellas dependen de la agricultura y actividades afines. El 40% de las tierras degradadas del mundo están en zonas de elevados coeficientes de pobreza. «El hambre pone en movimiento un cí­rculo vicioso de productividad reducida, pobreza cada vez más profunda, desarrollo económico lento y degradación de los recursos», explica el informe.

Tener acceso a los recursos naturales, como la tierra, el agua o los bosques, es esencial para los 2.500 millones de personas que producen alimentos para consumo propio o para obtener ingresos, añade el informe.

Los agricultores que explotan los 500 millones de pequeñas propiedades en los paí­ses en desarrollo afrontan diversas limitaciones de recursos, que se traducen en un acceso insuficiente a los alimentos y la nutrición. Necesitan derechos de tenencia claros para promover un acceso equitativo y la gestión sostenible de los recursos, como la tierra y el agua.

Sostenibilidad de producción

Los sistemas de consumo y producción de alimentos tienen que lograr más con menos. De la parte del consumo, es necesario pasar a una alimentación nutritiva que deje menos huella en el medio ambiente, y reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos en todo el sistema alimentario.

La FAO estima que las pérdidas y el desperdicio de alimentos asciende a 1.300 millones de toneladas al año, en torno a una tercera parte de la producción mundial de alimentos para consumo humano, lo que corresponde a más del 10% del total del consumo mundial de energí­a calórica.

Por la parte de la producción, es necesario afrontar el agotamiento de los suelos, el agua y los nutrientes, las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación y la degradación de los ecosistemas naturales, señala el informe. Es necesario proteger los beneficios que proporciona la naturaleza, como el aire y el agua limpios (servicios del ecosistema) y aprovecharlos para lograr un crecimiento sostenible.

Más con menos

La agricultura tiene que producir más alimentos pero con menos recursos, como la energí­a y el agua. Por lo tanto, la FAO promueve un enfoque ecosistémico de la agricultura denominado «Ahorrar y crecer», que aprovecha la contribución de la naturaleza al crecimiento agrí­cola.

Por ejemplo, la materia orgánica del suelo, la regulación de la circulación del agua, la polinización y los depredadores y plagas naturales, y aplica los insumos externos adecuados en el momento correcto y en la cantidad debida a variedades agrí­colas mejoradas con resiliencia ante el cambio climático y que utilicen los nutrientes, el agua y los insumos externos con mayor eficacia.

Alimentar a 9.000 millones

En el año 2050 se prevé que la población mundial sea de 9.000 millones de personas, con mayores ingresos y una demanda más grande de alimentos. La presión sobre los sistemas agrí­colas y alimentarios mundiales y sobre los recursos que utilizan aumentará.

Peor todaví­a, a menos que se tomen medidas decididas, el aumento de la producción de alimentos del 60% que es necesario para afrontar la demanda efectiva, seguirá dejando rezagados a 300 millones de personas que, previsiblemente, sufrirán hambre en 2050 porque seguirán sin medios para tener acceso a los alimentos. La única forma de lograr su seguridad alimentaria es crear empleos decentes, con mejores salarios, darles acceso a los activos productivos y distribuir el ingreso en forma más equitativa.

«Hay que incorporarlos en la sociedad, complementando el apoyo a los pequeños propietarios y las oportunidades de generar ingresos con el fortalecimiento de las redes de protección, programas de efectivo por trabajo y de transferencia de efectivo que contribuyan a fortalecer la producción local y los circuitos de consumo, en un esfuerzo que contribuya a nuestras metas de desarrollo sostenible», aseveró Graziano da Silva.

La FAO piensa que es posible alimentar a toda la población del planeta si se toman decisiones polí­ticas firmes para mejorar el acceso de las personas pobres a los alimentos, los niveles de desperdicios de alimentos y la forma en que se emplea la agricultura con fines no alimentarios. Todo depende de las opciones que se tomen hoy en la gestión de los sistemas agrí­colas y alimentarios, dice el informe.

Mejor gobernanza

El documento de polí­ticas pide una mejor gobernanza del sistema alimentario y agrí­cola como requisito para un futuro sostenible. Parte del debate en torno a la buena gobernanza también tendrá que decidir quién paga estos costos.

El documento expone que los sistemas justos y eficaces de gobernanza son transparentes, participativos, orientados a los resultados y con rendición de cuentas, de carácter mundial, regional, nacional y subnacional. El informe cita el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial reformado, que ahora incorpora a un gran número de partes interesadas, como gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, organizaciones internacionales y del sector privado, como uno de los modelos que serí­a posible seguir.

La FAO llamó a los gobiernos asistentes a Rí­o+20 a que se comprometan a reducir el hambre y la malnutrición más rápidamente; a utilizar las directrices voluntarias sobre el derecho a los alimentos y la tenencia de la tierra para lograr la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible equitativo; para dar apoyo a la ejecución de enfoques técnicos y normativos del desarrollo agrí­cola que incorporen objetivos de seguridad alimentaria y ambientales; asegurar que los costos y beneficios de la transición hacia la producción y el consumo sostenibles de alimentos se distribuyan con igualdad; adoptar enfoques integrados para realizar sistemas sostenibles en la agricultura y los alimentos y ejecutar reformas en la gobernanza para asegurar que se cumplan las polí­ticas y los compromisos.

Fuente: Redacción ambientum.com

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