Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
18 de diciembre de 2010

Los espacios protegidos se hacen su revisión anual

Oficina técnica de EUROPARC-España | oficina@redeuroparc.org

Una vez al año conviene visitar al especialista para que nos haga la correspondiente revisión. También los espacios protegidos en España disponen de un chequeo periódico, elaborado por un equipo especializado y plasmado en toda una serie de datos, tablas y análisis que se publican en el Anuario EUROPARC-España del estado de los espacios protegidos. EUROPARC-España es una federación en la que participan la práctica totalidad de las administraciones públicas con responsabilidad en este tipo de áreas. Dispone de una oficina técnica con varios profesionales cuyo cometido incluye la recopilación crí­tica y sistemática de diversos indicadores y variables sobre los espacios protegidos de nuestro paí­s.

Esas radiografí­as de los parques y reservas de España se han volcado ya, desde 2002, en cinco ediciones de estos anuarios, lo cual permite un análisis comparado y un seguimiento en el tiempo de las tendencias. El último, correspondiente al estado de los espacios protegidos en 2009, se ha publicado en 2010 y de él ha aparecido un informe divulgativo en el número 297 de la revista Quercus, del cual ofrecemos ahora un resumen para el boletí­n del proyecto EME.

¿Cuánto territorio está protegido en España?

En comparación con décadas anteriores, la tasa de declaración de espacios naturales protegidos se ha ralentizado sensiblemente. En el periodo 2008-2009 se han declarado cerca de cien nuevos espacios, aunque la gran mayorí­a son de pequeño tamaño (menos de 1.000 hectáreas), que añaden 135.000 hectáreas a los 6,1 millones ya protegidas. Se alcanza así­ el 12,1% de superficie terrestre sometido a alguna figura de protección. Si incluimos además los espacios de la Red Natura 2000, superamos los 14 millones de hectáreas, el 28% del territorio, cifras que sitúan a España como el paí­s que más superficie aporta a la red europea. No podemos decir lo mismo respecto a la protección del medio marino, una asignatura pendiente no sólo en España. La Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad incluyó, por primera vez, las áreas marinas protegidas como figura genérica para la protección de mares y océanos, aunque hasta la fecha no se ha declarado formalmente ninguna. Anteriormente, al amparo de la Ley 3/2001 de Pesca Marí­tima del Estado, se declararon diez reservas marinas de interés pesquero, cuyo principal objetivo es garantizar la explotación de los recursos y evitar la pesca abusiva. En conjunto, las reservas de pesca suponen 102.350 hectáreas, de las que más de 11.000 son reserva integral, es decir, donde la única actividad permitida es el estudio cientí­fico. Todas las reservas de pesca se han propuesto como lugares de interés comunitario dentro de la Red Natura 2000. Aún así­, la protección marina no llega al 1% de las aguas bajo jurisdicción nacional.

De acuerdo con estos datos, el Estado español cumplirí­a con el objetivo internacional formulado en el Convenio de Diversidad Biológica y asumido en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de proteger un 10% de los ecosistemas terrestres. El compromiso de proteger el 10% de los ecosistemas marinos en 2012 requerirá mucho esfuerzo en muy poco tiempo. En todo caso, el número y la extensión de las áreas protegidas son simples indicadores de una realidad más compleja, como veremos a continuación.

íreas protegidas, servicios de los ecosistemas y bienestar humano

La acentuada fase de declaración de espacios naturales protegidos en los años ochenta ha dado paso a una nueva etapa en la que se empieza a prestar mayor atención a la contribución de estas áreas al mantenimiento de los servicios que proporcionan los ecosistemas. Multitud de servicios básicos para el bienestar humano, así­ como otros muchos culturales, dependen del mantenimiento de los procesos ecológicos que los sustentan. Entre estos servicios cabe citar el abastecimiento de productos de uso directo e indirecto y la regulación de procesos esenciales, como el control del clima, el ciclo del agua, la producción de suelo, el control de la erosión o la polinización.

La importancia de los espacios protegidos en el mantenimiento de estos procesos es muy evidente: el 73% del territorio español por encima de los 1.500 metros está protegido y contribuye al control de la erosión y a la captación de agua. El 64% de la superficie protegida son bosques, matorrales y pastizales naturales, formaciones que reducen el riesgo de erosión por escorrentí­a y contribuyen a la captura de dióxido de carbono. El mantenimiento de las zonas de inundación, el respeto al trazado natural de los rí­os y la conservación del funcionamiento hidrológico contribuyen también a la fertilidad del suelo y facilitan la sedimentación de los materiales arrastrados en las desembocaduras, que forman ecosistemas de gran productividad. Cerca del 70% de los humedales, el 63% de las marismas y el 14% de los rí­os cuentan con alguna designación como espacio natural protegido. Además, el mantenimiento de la continuidad del territorio es esencial para que los servicios que prestan los ecosistemas puedan conservarse. Por ejemplo, los espacios protegidos ligados a sistemas de montaña suelen sufrir menos problemas de fragmentación que aquellos asociados a sistemas fluviales.

Por otra parte, no debe olvidarse que los espacios naturales protegidos son una fuente de disfrute social y de empleo directo e indirecto evidente. Muchos de ellos son también un modelo de explotación sostenible y mejoran la calidad de vida de sus comunidades locales. Son, por último, un referente imprescindible como lugar de ocio y contacto con la naturaleza. En España los espacios protegidos reciben al menos 26 millones de visitantes anuales.

¿Qué retos tenemos por delante?

El Programa de Trabajo para las áreas protegidas impulsado por EUROPARC-España recuerda las necesidades más urgentes y consensuadas para el caso de nuestro paí­s, entre ellas el desarrollo de la Red Natura 2000, la protección marina, la conectividad, la búsqueda de mejores fórmulas de gobernanza y financiación, la eficacia en la gestión y el apoyo social.

Aunque todos los indicadores que hemos sido capaces de medir a lo largo de los últimos años muestran tendencias positivas más o menos acentuadas, la realidad es muy compleja y queda aún un largo camino por recorrer. Además, es importante enmarcar nuestras necesidades en un contexto más amplio, tanto territorial como conceptual. Resaltamos a continuación algunos mensajes internacionales que merecen ser tenidos en cuenta.

El informe de 2010 del Secretariado del Convenio de Diversidad Biológica (Perspectiva mundial sobre la biodiversidad 3) indica que “si los ecosistemas exceden de ciertos umbrales o puntos de inflexión, existe un gran riesgo de que se produzca una pérdida drástica de biodiversidad, con el consiguiente deterioro de una amplia variedad de servicios ecosistémicos. Probablemente esos cambios repercutan primero y con mayor intensidad en los pobres; pero, a largo plazo, todas las sociedades y comunidades sufrirán las consecuencias”.

En este contexto, debemos reconocer que las áreas protegidas siguen siendo muy necesarias, pero no suficientes, para conservar la biodiversidad en un mundo cambiante. Deben convertirse en piezas esenciales para la construcción de paisajes eco-culturales funcionales, flexibles y dinámicos, capaces de responder con eficacia a los rápidos cambios que ya han empezado a detectarse. Además, en un escenario de cambio global, son más necesarias que nunca las iniciativas de cooperación entre las Administraciones ambientales y no ambientales, tanto a escala regional, como nacional e internacional.

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