Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
10 de abril de 2012

LOS SERVICIOS DE LOS ECOSISTEMAS DE LAS MONTAí‘AS o la contribución de las montañas al bienestar humano

Autor: Ignacio Palomo (ignacio.palomo@uam.es).
Artí­culo publicado en la Revista Trimestral de la Real Sociedad Española de Alpinismo de Peñalara. Número 535. I Trimestre 2011.

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM), convocada en el año 2000 por la Organización de Naciones Unidas y finalizada en el 2005, tuvo como objetivo evaluar las consecuencias de los cambios en los ecosistemas sobre el bienestar humano. La EM ha involucrado el trabajo de más de 1.360 expertos de todo el mundo y los resultados de la misma pueden descargarse de su página (www.maweb.org).

Una de las principales conclusiones a las que llegó la EM es que gran parte del incremento del bienestar humano y el desarrollo económico de los últimos cincuenta años ha tenido como contrapartida la degradación de muchos servicios de los ecosistemas.

Los servicios de los ecosistemas son las contribuciones directas o indirectas de los ecosistemas al bienestar humano. Generalmente se agrupan en tres categorí­as:

La inclusión del concepto de los servicios de los ecosistemas en el mundo de la conservación implica la diferenciación entre los valores intrí­nsecos de la naturaleza (aquellos que tiene per se) y los instrumentales (aquellos que reconocemos cuando esta naturaleza nos es beneficiosa, es decir, los servicios de los ecosistemas).

En las siguientes lí­neas quisiera mostrar brevemente algunos de los servicios de los ecosistemas que generan las regiones montañosas, y de los que se beneficia la sociedad. Por poner una cifra, aproximadamente el 20% de la población mundial vive en regiones de montaña.

SERVICIOS DE ABASTECIMIENTO DE LAS MONTAí‘AS

Quizás los servicios de los ecosistemas de montaña más destacados son los relacionados con el agua. Aproximadamente el 50% de la población mundial depende directa o indirectamente del agua que proviene de las regiones de montaña. Las montañas funcionan como colectoras de agua de lluvia que luego es distribuida por la geografí­a de la cuenca hidrográfica, y que es utilizada para consumo humano directo o para la agricultura. Este funcionamiento de las montañas como colectoras de agua es de vital importancia, pues las montañas reciben aproximadamente el doble del agua de lluvia que una región no montañosa del mismo tamaño.

Otros servicios de abastecimiento que podemos encontrar en las regiones de montaña son la madera que se extrae de los bosques, las plantas medicinales, o el pasto para el ganado.

SERVICIOS DE REGULACIí“N DE LAS MONTAí‘AS

En relación al agua, uno de los principales servicios de los ecosistemas de regulación es la regulación hí­drica. Uno de sus componentes consiste en la acumulación de agua en periodos húmedos en forma de nieve o hielo que permite mantener un flujo hí­drico gradual a lo largo

del año. Un ejemplo son algunos glaciares de los trópicos, que permiten disminuir la estacionalidad de los rí­os, asegurando así­ la provisión de agua en periodos secos a las poblaciones que se abastecen de ella.

La vegetación en las regiones de montaña también juega un papel importante en la regulación hí­drica. La cubierta vegetal aumenta la capacidad de infiltración, produciéndose un flujo de agua más limpio y regular, reduciendo el rango del flujo entre los extremos más húmedos y más secos. En ausencia de la vegetación, los caudales superficiales aumentarí­an en volumen, incrementando la erosión y por ende la turbidez del agua y las posibilidades de altos picos de descarga e inundaciones, afectando así­ a los servicios de control de la erosión, depuración de agua, y amortiguación de riadas.

Otros servicios de regulación que se suelen asociar a las regiones de montaña son el almacenamiento de carbono (en relación al cambio climático) en el suelo y la vegetación, o la regulación climática.

SERVICIOS CULTURALES DE LAS MONTAí‘AS

Posiblemente el servicio cultural más importante que nos ofrecen las montañas es la espiritualidad. La mayorí­a de las religiones del mundo poseen una montaña sagrada, como el monte Olimpo en la mitologí­a griega, el monte Sinaí­ (judaí­smo) o el Kailash (budismo e hinduismo entre otras). Muchas culturas consideran determinadas montañas lugares sagrados, como el monte Uluro por los aborí­genes australianos, la región de Machu Pichu por los Incas, el monte Shasta por los indios norteamericanos, o el Teide por los guanches aborí­genes canarios, y muchas de estas montañas son lugares de celebración de ritos o de peregrinación. Además de en estos lugares sagrados, la espiritualidad, esa fuerza mágica de atracción que experimentamos cuando nos encontramos con nuestro ser más profundo, podemos sentirla de diferentes formas en cualquier montaña (sagrada o no).

Otro servicio de los ecosistemas que generan las montañas es la satisfacción que sentimos cuando estamos en estos lugares, bien sea por la contemplación del paisaje, la sensación de realización al alcanzar una cumbre o la tranquilidad que proporcionan (cuando las condiciones lo permiten) al ser lugares menos concurridos.

La educación ambiental (por ejemplo, la desarrollada por Francisco Giner de los Rí­os) o los avances cientí­ficos por quienes estudian las montañas, son otros servicios que nos proporcionan, además de la satisfacción del conocimiento por sí­ mismo. Además, las montañas son centro de actividades recreativas o turismo activo de naturaleza.

Hemos visto un breve acercamiento a los diferentes servicios de los ecosistemas que proporcionan las montañas. Sin embargo, no debemos tomar estos por garantizados. Son muchos los impulsores de cambio que disminuyen la integridad de las montañas como el cambio climático, o el cambio de usos del suelo, incluyendo la deforestación, la minerí­a, o la construcción de residencias y carreteras. Actualmente, el 16% de las montañas forman parte de áreas protegidas. Probablemente los lectores de Peñalara somos un público ya sensibilizado con las montañas. Sin embargo, ante la vulnerabilidad de estos ecosistemas, creo que no está de más destacar, además de la diversidad que las montañas poseen en términos geológicos, biológicos, paisají­sticos o culturales, los diferentes beneficios que generan, para concienciarnos más del valor de las mismas.

Mi agradecimiento a Berta Martí­n López y José Luis Palomo ílvarez por su colaboración en este escrito.

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