Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
24 de mayo de 2016

‘Tenemos que ir hacia polí­ticas de conservación que no se limiten a especies o espacios naturales concretos’

 

Les compartimos una entrevista realizada  a Dr. Fernando Santos-Martí­n, investigador al Laboratorio de Socio-Ecosistemas (UAM) por el COAMB (Colegio de Ambientólogos de Cataluña). En la misma, el investigador nos cuenta sobre el marco de los servicios de los ecosistemas, su aplicabilidad y desafí­os, entre otras cosas muy interesantes.

¿Qué ventajas tiene trabajar para la conservación de los ecosistemas en clave de servicios ecosistémicos?

Tanto en el mundo cientí­fico como en el mundo de la acción, se ha trabajado habitualmente con los valores intrí­nsecos de la naturaleza: defenderla por una serie de valores éticos. Con el concepto de servicios ecosistémicos, ya no hablamos sólo de los valores intrí­nsecos sino también de los valores instrumentales de la naturaleza, que tienen repercusiones claras en los sistemas económico, social y biofí­sico. El marco conceptual de los servicios ambientales nos ofrece metodologí­as para cuantificar, modelizar y hablar de forma tangible de estos valores instrumentales.

 

Los cientí­ficos hace tiempo que trabajan en el marco de los servicios ecosistémicos, pero el concepto ¿tiene tanta trayectoria en el ámbito de la gestión?

Claramente, no. Hasta hace relativamente poco era un tema exclusivo de la esfera cientí­fica, y a nivel práctico se reducí­a a pequeñas experiencias locales sobre todo de pago por servicios ambientales, vinculadas a proyectos de cooperación. El punto de inflexión es la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, el primer programa internacional que pone sobre la mesa los servicios ecosistémicos como herramienta para influir en las polí­ticas, y que ha llamado la atención de todos los organismos internacionales, entre ellos, la UE, que se le está haciendo propio para diseñar nuevas acciones y polí­ticas estratégicas. A fecha de hoy, poco a poco, esto se trasponiendo a las polí­ticas nacionales y regionales.

 

¿Cuáles son los objetivos de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio?

Con el cambio de Milenio, el entonces Secretario de las Naciones Unidas, Kofi Annan, decide hacer un análisis global del estado de los ecosistemas. Para ello se optó por un punto de vista innovador, incorporando el concepto de servicios de los ecosistemas. Por primera vez se pone el foco en la interfase hombre-naturaleza, y esto permite hacer visible que las pérdidas en términos de biodiversidad o espacios naturales tienen una repercusión sobre nuestros modelos de sociedad.

 

Tu equipo se ha encargado de aplicar esta metodologí­a a nivel español. Como lo ha hecho?

Ante todo se realizó la evaluación biofí­sica, que involucró más de treinta instituciones y expertos de toda España, especialistas en ecosistemas forestales, agrí­colas, marinos … Se les propuso un marco conceptual común para hacer un análisis previo del estado y la tendencia de los ecosistemas desde el punto de vista de la biodiversidad y los servicios ambientales que proveen. También se analizaron los impulsores de cambios directos (cambios de uso del suelo, especies invasoras, cambio climático …) e indirectos (aspectos demográficos, económicos …) que en las últimas décadas han podido alterar los ecosistemas.

 

Pero el trabajo no termina aquí­ …

No. Completamos la información temporal de cómo habí­an evolucionado los ecosistemas con un análisis de información cartográfica de diferentes servicios y de los impulsores de cambio, analizando la diversidad en las diferentes zonas y regiones. En esta fase también incorporamos diferentes agentes sociales (periodistas, polí­ticos, entidades …) y les propusimos hacer un ejercicio de visión de futuro de estos ecosistemas. Después, el proyecto ha tenido una tercera fase de valoración económica, y actualmente estamos trabajando para comunicar los resultados a toda la sociedad.

 

Para poder evaluar los servicios de los ecosistemas, ¿son imprescindibles los indicadores económicos?

No son imprescindibles, pero desde el punto de vista de los tomadores de decisiones el debate está ahí­. Toda la información que recogimos en las primeras fases está realmente bien, pero ¿qué repercusión tiene esto desde el punto de vista instrumental? Es aquí­ donde la valoración económica, con sus pros y contras, se está imponiendo como metodologí­a básica para entender la repercusión de los cambios en los ecosistemas en nuestro sistema social. No estoy en contra de la valoración económica, en general, pero sí­ pongo en duda algunas formas de hacer esta valoración y algunos mensajes que se están dando.

 

¿Podrí­as poner algún ejemplo de mal uso de la valoración económica?

Dar un valor económico sin explicación última me parece algo absurdo. Por ejemplo, debemos creer que el secuestro de carbono vale X según un mercado de carbono ficticio que se ha creado sólo para eso. Este serí­a un claro ejemplo de uso de la valoración económica en el que no estoy nada de acuerdo, porque el mensaje que da es peligroso, como da a entender que aquel servicio tiene un valor en la medida en que lo podemos incorporar y hacer funcionar desde una concepción exclusivamente económica. Es evidente que el polí­tico quiere cifras con las que poder tomar decisiones, pero estos números no son simples, y deben leerse siempre en su contexto.

 

¿Y puedes poner un ejemplo de valoración económica positiva?

Aquellas que parten de un punto de vista sociocultural, y que nos sirven para analizar cuáles son las percepciones de la gente sobre el valor de los servicios ambientales. Una de las motivaciones para hacer la valoración económica es que en el ámbito biofí­sico tenemos bastantes datos sobre servicios de abastecimiento (madera, alimentos, provisión de agua …), pero muy poco sobre servicios de regulación (calidad del aire, regulación climática …) o culturales. Como no hay datos no se puede justificar de forma cuantificada el estado o la tendencia de estos servicios y no se tienen en cuenta en la toma de decisiones. Desde el mundo cientí­fico se está trabajando de forma intensa para llenar este vací­o de información y poner de relieve los servicios de regulación y culturales.

 

¿Cuáles son las conclusiones de todo este proceso? ¿Como están nuestros ecosistemas?

Resumiendo, podemos decir que aquellos ecosistemas que han sido dejados de lado en las polí­ticas de conservación están en peor estado, y esta situación se concentra sobre todo en ecosistemas acuáticos: zonas costeras, humedales y, por supuesto, ecosistemas marinos. Son los que están bajo más presión y son más vulnerables. En un contexto mediterráneo, donde el buen funcionamiento de los ecosistemas acuáticos es fundamental, esto toma una dimensión aún más preocupante. En cambio, los ecosistemas donde se han concentrado polí­ticas de conservación están, en general, en mejor estado: zonas de montaña, bosques, zonas agrí­colas dentro de la Red Natura 2000 … La conclusión es una llamada de atención a considerar los ecosistemas que hasta ahora no han estado en el punto de mira de las polí­ticas de conservación. En concreto, en la costa mediterránea, donde los intereses económicos han propiciado que las polí­ticas de conservación hayan sido inexistentes o vulneradas.

 

¿Hacia dónde deberí­an encaminarse las polí­ticas de conservación?

Uno de los mensajes clave que hay que lanzar es que debemos superar la diferenciación entre las zonas protegidas y las que no lo están. El mundo natural no funciona así­, es un todo continuo, y la conectividad entre todos los ecosistemas es imprescindible para garantizar su buen funcionamiento y el de los servicios que proveen. Debemos ir hacia polí­ticas de conservación que no se limiten a un espacio o una especie concretos, sino verlo desde una perspectiva amplia.

 

Bajando a un nivel más práctico, ¿como se pueden aplicar todos estos resultados en la gestión ambiental del dí­a a dí­a?

Existen diferentes escalas de acción al respecto. A nivel europeo, la actual estrategia de biodiversidad de la UE ya se fundamenta en el análisis de servicios ambientales. Hay una hoja de ruta clara que incluye hacer una evaluación desde el punto de vista biofí­sico y económico, que sirva de base para un mecanismo de contabilidad ambiental a nivel europeo y, al mismo tiempo, ayude a definir polí­ticas concretas. Todaví­a no está claro cómo se hará, pero el camino está muy marcado.

 

¿Y a escalas locales o estatales?

Quizás lo más interesante de trabajar en clave de servicios ambientales es la transdisciplinariedad que aporta. La gestión del medio ambiente está muy sectorializada. Por ejemplo, las polí­ticas de agua tienen repercusiones sobre la gestión del agua pero no existe comunicación entre ellas. El marco de los servicios ambientales de los ecosistemas rompe estas barreras. Bajo una misma metodologí­a se habla de ecosistemas marinos, forestales y agrarios, y nos permite ver las relaciones que existen entre ellos. Genera la necesidad de intercomunicarse y trabajar de forma relacionada.

 

¿Cómo crees que evolucionará el concepto de servicios ambientales en los próximos años?

Por fin la polí­tica se lo ha hecho propio y justo ahora empieza a estudiarse como utilizarlo de forma práctica en la toma de decisiones. Ahora mismo tenemos una ventana de oportunidad que está abierta, pero no lo estará siempre. En los próximos años veremos si este marco conceptual es realmente útil, o si se queda en un ejercicio más o menos interesante desde el punto de vista cientí­fico. Creo que será la primera opción. De hecho, ahora mismo el nuevo concepto de moda son las «nature based solutions», que al fin y al cabo consisten en llevar a la práctica el concepto de servicios de los ecosistemas y plasmarlo en soluciones concretas.

 

Y en general, ¿hacia donde crees que iremos en el ámbito de la conservación de los ecosistemas y los servicios ambientales?

Esto es impredecible. Un solo concepto no puede cambiar nada, aunque el potencial de hablar en clave de servicios ambientales a nivel comunicativo es muy grande. Hay mucho trabajo por hacer para cambiar pautas de comportamiento y mentalidades muy instauradas en la sociedad, y aquí­ los profesionales de comunicación tienen un papel capital. Por otra parte, los cientí­ficos habí­amos visto en el momento de crisis económica una oportunidad para plantear cambios estructurales que permitieran generar cambios reales para mejorar las polí­ticas de conservación y gestión de la naturaleza, pero desgraciadamente esto no ha sido así­. Por el contrario, la crisis ha servido para apuntalar aún más un modelo muy negativo para nuestro entorno. Las señales no son positivas pero mantengo la esperanza, porque se pueden dar cambios sociales muy importantes que abren la puerta a nuevas formas de gestión y nuevas polí­ticas para nuestros ecosistemas.

 

Para leer la nota, entra aquí­.

Fuente: COAMB


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