Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
1 de junio de 2012

«Todaví­a hay solución» Manipadma Jena entrevista a Achim Steiner, director ejecutivo del PNUMA

YEOSU, Corea del Sur, may (IPS) – Mientras se acerca la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, conocida como Rí­o+20, que se realizará del 20 al 22 de junio en Rí­o de Janeiro, proliferan las dudas sobre la viabilidad de una «economí­a verde».Expertos, activistas y polí­ticos están divididos sobre lo que es necesario para resolver el estancamiento de las negociaciones internacionales para una reducción de las emisiones de carbono, causantes del cambio climático.

Para enfrentar la crisis, algunos creen que es necesario un completo cambio de paradigma, un alejamiento total de la ideologí­a del libre mercado, mientras que otros consideran que esta todaví­a tiene sus méritos.  Para el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), Achim Steiner, la clave del éxito es una postura intermedia entre estos dos enfoques.  Gurú del ambiente cuya carrera literamente creció a la par del concepto de desarrollo sostenible, concebido hace 20 años en la Cumbre de la Tierra, también realizada en Rí­o de Janeiro, Steiner durante años ha impulsado negociaciones en el tumultuoso escenario de la crisis ecológica mundial.  En el marco de la Expo 2012, que se realiza en esta ciudad portuaria surcoreana y cuyo tema principal es la protección de los océanos y recursos marí­timos del planeta, IPS dialogó con Steiner sobre las posibles soluciones a la crisis climática mundial.

IPS: ¿Cuál ha sido el estado del ambiente mundial desde la Cumbre de la Tierra de 1992?
ACHIM STEINER: El balance en términos generales sigue siendo negativo. No hemos logrado lo que nos propusimos en 1992, que era introducir un mayor grado de sostenibilidad en la economí­a mundial.
Tenemos más personas consumiendo más, hay pérdida de biodiversidad, avanza una crisis por sobrepesca, las emisiones siguen aumentando, y la idea de que de algún modo podemos desligar el consumo de recursos y la contaminación no ha tenido éxito.
Sin embargo, todaví­a no nos enfrentamos a un dilema sin solución. Tenemos una extraordinaria gama de ejemplos de cómo el desarrollo puede ser sostenible.
No es casualidad que haya entrado en escena el concepto de economí­a verde en el contexto de desarrollo sostenible y erradicación de la pobreza. El desafí­o que afrontamos, y en el que reside la importancia de Rí­o+20, es cómo aprovechamos esas buenas lecciones, pues sabemos que podemos hacerlo.

IPS: ¿Serí­a más fácil si el cambio viniera desde arriba?
AS: Serí­a bueno si los de arriba no se interpusieran en el camino. Lo que vemos hoy es que los arquitectos de nuestras polí­ticas económicas a veces participan del enfoque corporativo. Muchas veces son también una obstrucción o una restricción a la innovación, pues no permiten que emerjan las tecnologí­as verdes ni que se prueben nuevas polí­ticas.

IPS: En Rí­o+20 probablemente también se discutirá la expansión y fortalecimiento del mandato del Pnuma. ¿Qué rol cree usted que debe cumplir la agencia en los próximos años para mantener la salud de los océanos y la subsistencia de las comunidades pesqueras?
AS: Es fundamental que encaremos los tres principales factores que afectan el futuro de nuestros océanos.
La contaminación es el primero, no solo la generada en tierra sino también la derivada del comercio marí­timo. Más de 75 por ciento de los viajes comerciales se realizan por mar.
También la contaminación a través de nuevas formas de explotación de recursos, exploración petrolera, perforación marí­tima y pesca en alta mar están afectando la funcionalidad de los océanos.
El segundo tema es la pesca y la biodiversidad marina. Estamos minando las reservas de proteí­nas disponibles, al punto de que están colapsando.
Los subsidios gubernamentales a la pesca suman 27.000 millones de dólares anuales, de los cuales estimamos que 20.000 millones son usados en combustibles. Así­ están estimulando la sobreexplotación. Tenemos que cambiar ese régimen de subvenciones. Debemos reducir la capacidad de la pesca industrial y detener la ilegal.
Tenemos que restituir los abastecimientos de peces, particularmente para las comunidades pesqueras tradicionales. Es la única forma en que podemos lograr tanto el objetivo ambiental de mantener las reservas como la meta social de preservar el sustento de millones de pescadores.
También debemos entender cómo las áreas protegidas pueden ser fundamentales para las naciones. Las zonas protegidas representan menos de uno por ciento del total, y queremos llegar a 10 por ciento.

IPS: Los crí­ticos al esquema de Compensación por los Servicios de los Ecosistemas advierten que la valoración económica o monetización de la naturaleza y de los bosques podrí­an hacer que estos sean usados por los paí­ses más pobres como garantí­a para sus deudas y terminen en manos de sus acreedores. ¿Cuál es su opinión?
AS: Sin duda ese riesgo existe, pero disminuye conforme los bosques se van convirtiendo en un tema público y las sociedades los consideran un bien nacional, tanto desde el punto de vista económico como ecológico.
En cada sociedad y en cada economí­a hay una tentación de explotar los recursos naturales por ganancias a corto plazo. Pero asociar la idea del pago de los servicios de los ecosistemas a algo que puede amenazar los bosques es como decir que no debemos usar dinero como medio de transacción pues puede ser usado con fines de corrupción.
¿Es lo mismo valoración económica que monetización? No necesariamente. Nosotros, en la mayorí­a de los contextos, vendemos nuestro trabajo por dinero. Esa es la forma en la que negociamos. ¿Por qué deberí­amos trazar esta lí­nea imaginaria que separa a los servicios de los ecosistemas y no considerarlos parte de nuestra realidad hoy?

IPS: Si el mundo hace un cambio de paradigma y se aleja de la actual base para calcular el producto interno bruto (PIB), ¿qué componentes serí­a ideal que se usaran para computarlo?
AS: Necesitamos un indicador más sofisticado. La mayorí­a de las personas hoy reconocerí­an que el aumento del PIB es extremadamente crudo y no constituye un legí­timo indicador del progreso económico y de desarrollo, pues no reconoce que una sociedad tiene una reserva natural de riqueza, junto a los servicios que la naturaleza nos provee.
Quizás la actual forma de calcular el PIB no desaparezca, pero no mantendrá su exclusivo monopolio para determinar el éxito o fracaso económico de un paí­s. Muchos gobiernos de hecho están a punto de adoptar un sistema más amplio de cálculo.

Fuente: IPS.

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